23/01/2026
Hoy me siento a escribir esto con el corazón apretado y agradecido a la vez.
Después de nueve años, cierro un capítulo que no solo fue un restaurante… fue una etapa completa de mi vida.
Jota fue mi casa, mi escuela, mi orgullo, mi desvelo, mi disciplina… y también el lugar donde aprendí que la cocina no se trata solo de cocinar, sino de sostener sueños con las manos y con el alma.
Quiero comenzar por mi familia.
Porque si alguien vivió esto conmigo, fueron ustedes.
Gracias por aguantar mis ausencias, mis madrugadas, mis silencios, mis cansancios. Gracias por sostenerme cuando yo mismo sentía que me estaba cayendo por dentro. Ustedes fueron mi base… y lo siguen siendo.
A nuestros clientes, gracias por elegirnos una y otra vez.
Gracias por celebrar con nosotros cumpleaños, aniversarios, pedidas de mano, despedidas, logros, y días simples que se convirtieron en memorias. Ustedes no solo llenaron mesas… ustedes llenaron significado.
A mis colegas, gracias por el respeto, por el apoyo real, por las conversaciones de cocina, por las colaboraciones y por mantener vivo el arte de este oficio. Cuando los chefs se apoyan, la cultura crece.
A nuestros proveedores, gracias por ser parte del motor invisible que sostiene todo. Por la consistencia, por el compromiso, por responder cuando la presión apretaba y por creer en el proyecto aun cuando no siempre fue fácil.
Y hoy quiero hacer una pausa especial para decir gracias a quienes muchas veces no se ven en el plato, pero son la razón por la cual el plato existe:
A nuestros agricultores, gracias por la tierra, por el sudor, por sembrar con fe.
A nuestros pescadores locales, gracias por madrugarle al mar, por traer lo mejor, por caminar con nosotros, por ser parte de una cultura que defendimos con orgullo.
Gracias por trabajar mano a mano con nosotros para crear algo verdadero: una cocina conectada a Puerto Rico, a sus estaciones, a su naturaleza y a sus manos.
Jota fue farm-to-table de verdad, no por moda… sino por convicción.
A la gerencia del hotel y a cada uno de sus empleados, gracias por los años compartidos, por los retos, por las lecciones, por el movimiento diario que nos obligó a crecer. Todo lo vivido—lo fácil y lo difícil—formó parte del camino.
Y ahora, con todo el respeto del mundo, quiero reconocer a quienes muchas veces son los que convierten una comida en un recuerdo:
A nuestro equipo de servicio —meseros, bartenders, hosts, runners, bussers— gracias.
Gracias por sostener el ritmo, por la paciencia, por la clase, por leer cada mesa sin hablar de más, por cuidar cada detalle, por aguantar días largos con buena cara, por la sonrisa real y por llevar el estándar de Jota con orgullo.
Ustedes fueron el puente entre la cocina y el corazón del cliente. Ustedes crearon la experiencia.
Y a ustedes… mi staff de cocina de Jota:
yo no sé cómo agradecerles sin que se me quiebre la voz.
Gracias por estar en las buenas y en las malas.
Gracias por darlo todo cuando no quedaba nada.
Gracias por sostener estándares altos con cansancio encima.
Gracias por defender el orgullo del uniforme.
Gracias por ser familia dentro de una cocina que exigía tanto.
Aquí se formaron cocineros… pero también se formaron seres humanos fuertes.
A nuestros socios de golf y comunidad que tantas veces se sentó en esa mesa, gracias por apoyar, por recomendar, por confiar y por permitir que tanta gente viviera experiencias memorables en un lugar tan especial.
Hoy cierro este capítulo con sentimientos encontrados.
Me voy con gratitud, pero también con un n**o en el pecho por todo lo que costó.
Aun así, no me arrepiento de haberlo dado todo.
Porque Jota fue real.
Fue trabajo honesto.
Fue disciplina.
Fue amor.
Fue Puerto Rico.
Fue cultura.
Gracias por ser parte de estos nueve años.
Gracias por creer en mí.
Gracias por creer en Jota.
Un capítulo se cierra…
y con la frente en alto, otro comienza.
Con todo mi respeto y mi gratitud,
Chef Jeremie Cruz 🤍✨