03/01/2025
TRIO SEXUAL...EL ESTILO DE VIDA SW***ER
La palabra evoca una práctica sexual caracterizada por el trueque de parejas, una forma singular de desviar el principio de intercambio generalizado que, según Claude Lévi-Strauss, es el fundamento de toda organización social. La prohibición del incesto y la reciprocidad de la donación matrimonial entre grupos definen las normas de parentesco. Tradicionalmente, «la mujer constituye el bien por excelencia», el «don supremo», y «es el hombre quien intercambia a la mujer» (Structures élémentaires de la parenté, 1948).
A su vez, el intercambio sexual, supuestamente igualitario, sólo mantiene la dominación masculina con nuevos ropajes. Los hombres solteros o en pareja siguen siendo sus más fieles seguidores, encontrando en ella el inesperado medio de reunir dos sexualidades disociadas por el matrimonio burgués: la reproductiva con la esposa legítima, la recreativa con la pr******ta o la amante. Pero la apuesta de este trueque, el compartir una misma mujer, ¿no es sobre todo la relación homosexual inconsciente entre hombres (Georges Devereux)?
La etimología de la palabra: «ceder, a cambio de algo a cambio», prefigura la evolución concomitante del liberalismo sexual y económico en las sociedades capitalistas modernas. De ahí a considerar que las parejas se intercambian hoy como mercancías hay un paso... que el Marqués de Sade anticipó en una utopía perversa en la que los individuos se reducirían estrictamente a sus órganos sexuales, intercambiables y anónimos (Filosofía del tocador, 1795).
Herederas de la revolución sexual de los años sesenta, estas nuevas formas de sexualidad evacuan la dimensión transgresora del adulterio, pero sólo conceden a sus adeptos una libertad ceremonial. Pensar que los sentimientos de celos o de culpa sobran a los swingers sería ingenuo pensarlo. Es más bien el terror inspirado por la infidelidad del otro, y quizás incluso por su pérdida, lo que ordena este singular acto, consentido por todos los participantes. Ocupar todas las posiciones, sin renunciar a ninguna —voyeur, exhibicionista, cornudo, infiel, sumiso, dominador— equivale a darse la ilusión de no estar excluido de ninguna escena, ni siquiera de la más improbable: la de su origen, esa «noche sexual» de la que todo individuo está inevitablemente ausente (Pascal Quignard, 2007).
Nada asegura que una experiencia de intercambio sexual tenga buenos resultados, la fantasía siempre es diferente a la realidad.
—[ Jacques André ]—