13/07/2016
EL PÍCARO
Decía André Malraux, que “la cultura es lo que, en la muerte, continua siendo vida”. De lo que podríamos deducir que el literato francés del pasado siglo, debió conocer a Gerardo Rosales, paisano granadino, que hace doce años se inventó el café teatro Pícaro, para adornar, aún más, una ciudad como Granada y que éste, ya le contó en aquel entonces las tremendas dificultades que, en su empeño por hacer las noches nazarís más hermosas, debería de superar.
Gerardo Rosales, de sesenta y seis años, empresario hostelero y soñador, dice ser un pintor ingenuo que pretendía vivir de la pintura, pero eso, en este país, viene a ser un milagro y los milagros sólo le suceden a los bienaventurados; por eso, la vida y su exacerbada pasión por todos los aspectos de la cultura lo llevaron a poner en marcha un proyecto que compaginara su faceta cultural y la necesidad de ganarse el sustento, además de crear empleo, en una ciudad que nunca ha estado sobrada del mismo.
De este modo, en dos mil cuatro, en la céntrica calle Varela, abrió sus puertas Pícaro, un lugar ameno donde uno casi siempre podía encontrar algún amigo y siempre una sonrisa que lo terminaba congraciando con el feo presente.
Desde sus inicios Pícaro tuvo que navegar por las procelosas aguas de una burocracia excesivamente ajustada la interpretación de las normas y a los continuos cambios que, en una mar impredecible, ha de afrontar quien se lanza a la aventura incierta por primera vez.
Por aquel sueño de Gerardo comenzó a desfilar un nutrido grupo de artistas de todos los ámbitos culturales. Poetas, cómicos, cantantes, escritores, pintores y un largo etcétera de ascetas y amantes de lo sublime que, en muy poco tiempo, hicieron de Pícaro un referente del movimiento de las luces en nuestra ciudad, por el que han pasado innumerables personajes de la cultura granadina y donde se han fraguado amistades e incontables proyectos artísticos que más tarde se ubicaron oportunamente en el siempre complicado puzle del mundo cultural de esta ciudad y su extraña idiosincrasia.
El Joven/viejo soñador, nos recibe en su casa, céntrica y agraciada con unas vistas, dignas de quien conoce que por sus venas circula la sangre del artista y abriga en su corazón el más sincero amor por la belleza; lo hace sonriendo, como siempre, y como siempre cordial, nos agasaja y muestra sus tesoros de una ilustración que no aprende, sino que se lleva impresa en el código genético.
Hablamos con nuestro anfitrión de aquellos difíciles comienzos de Pícaro y de las muchas veces que las circunstancias y los amigos le aconsejaron arrojar la toalla y saciar su sed de cultura en otros manantiales más desbrozados, y de cómo su tesón y una cabezonería casi suicida le hicieron culminar con éxito su proyecto, a pesar de todas las dificultades y el nulo apoyo con que contó, de modo que, contra viento y marea, Pícaro nació, se desarrolló y fue fecundo a la hora de poner hijos en el mundo de la cultura, cediendo su escenario a una legión de artistas noveles, que después lograron pisar con redoble en tarimas nacionales e internacionales.
Gerardo Rosales no es solamente un amante de la cultura, es también un hombre comprometido socialmente con Granada y a quien le preocupa el desarrollo de nuestra ciudad; por eso aboga por mantener y ampliar una red de variada oferta cultural, como existe en otras provincias, en las noches nazarís, reguladas y haciéndolas compatibles con el derecho al descanso del ciudadano, que ayuden a lograr la pernoctación en nuestra ciudad de un buen número de visitantes que ahora sólo permanecen unas horas en Granada, antes de volver a otros destinos que sí disponen de esa amplia oferta de actividades nocturnas de las que Granada, a juicio de Gerardo, está poco dotada, generando un incuestionable beneficio económico para una ciudad, como la nuestra, que depende en gran parte del sector turístico para su crecimiento.
Después de más de una década elevando, cada noche, el listón cultural de nuestra ciudad, de ofrecer alternativas a los jóvenes talentos y llenar de magia y sones las noches de granada, de haber colaborado con eventos tan importantes como el Festival de Jazz o el Hocus Pocus, entre otros; el pasado mes de Enero, por imperativo administrativo, cerró sus puertas Pícaro, dejando a los amantes de la cultura en Granada, un poco más huérfanos.
Pero la ilusión, la esperanza y la cultura nunca desaparecen, mucho menos si cuentan con personas de la talla humana de Gerardo Rosales enarbolando su estandarte.
Pícaro ha muerto, sí, pero como ya anticipó André Malraux, su muerte continua siendo vida, porque de él, de aquel esfuerzo de hace doce años, con más experiencia y renovadas energías, nace, haciendo honor a ese compromiso con la ciudad, del que antes les hablamos, el nuevo sueño de Gerardo Rosales, “La Casa Encendida”, que abrió sus puertas en la calle Cedrán Nº4, para que la llama de la cultura y el alma de los cafés teatro siga muy viva en la ciudad de los sueños, en esta hermosa corte nazarí, aún y a pesar de Caín.