08/09/2021
EL PLACER PROSCRITO....
Sara Montiel, actriz de las más famosas tanto en el cine patrio como en Hollywood, decía en la que quizás fue su canción más conocida que “fumar es un placer genial, sensual” y así ha sido reconocido por los siglos de los siglos, pero…
Parece que en el mundo de la intolerancia dominante de este siglo XXI ese placer ha pasado a ser un verdadero proscrito social e incluso legal desde que la ministra Elena Salgado, por entonces titular de la cartera de Sanidad, dispusiera el primero de los decretos antifumadores de la Historia de España a finales de 2005, que años más tarde –ya en 2011- incrementaría las medidas restrictivas.
Decía el escritor cubano Guillermo Cabrera Infante, público y notorio fumador de puros, que el placer de degustar un cigarro cubano es algo así como “gloria en la tierra”, y en su libro de hace más de veinte años titulado Puro humo ya enaltecía no tanto a los fumadores como a quienes disfrutan de un habano encendido.
Con una estética realmente marxista (de Groucho) no solo en la portada sino a lo largo de todo el libro, Cabrera Infante nos da suficientes pautas, anécdotas y conocimientos para reasentarnos en nuestras ideas de que disfrutar de un habano no es solamente un acto social sino también que se trata de un verdadero placer.
Proscribir algo como el hecho de fumar nuestras vitolas preferidas es la prohibición de un uso o costumbre que viene practicándose desde hace cientos de años y las sociedades más modernas e intransigentes tienen a gala y fomentan de esta forma la intolerancia hacia otros seres humanos que no comparten ese gusto.
Y desde luego bien pueden acreditar ese gusto o placer por desarrollar esta actividad gentes tan inteligentes y de gustos elevados como el propio Ernest Hemingway o el pianista Arthur Rubinstein, aunque claro está que en sus tiempos (allá por el siglo XX) el hecho de fumar puros era una distinción social innegable.
Yo les pediría a esos intolerantes que a pesar de que hay normas que no restringen fumar al aire libre en determinados espacios que no nos miren tan rematadamente mal a los fumadores de puros. Y a la vez, a esos hosteleros que llevan quejándose (con razón, sin duda alguna) más de un año de la disminución de sus ingresos, que nos permitan disfrutar de nuestros placeres allá donde sea posible.