06/04/2023
UNA RED QUE SE TEJE EN SILENCIO
(Un día como hoy... a 21 años del secuestro de )
A las 9:15, María de los Ángeles Verón saludaba a su madre y salía de su casa. Tenía 23 años y se dirigía a hacer una consulta médica a unas cuadras de allí. Cuando llegó a la esquina, un Duna rojo la interceptó y tres personas la subieron por la fuerza. Pasadas las primeras horas, su familia comenzó a preocuparse. No era normal que se demorara tanto. Su madre y su padre decidieron ir a la comisaría a realizar la denuncia, pero, pese a sus reclamos, la policía les dijo que aún era pronto. Debían esperar. Recién cerca de las 21:00, luego de mucho insistir, les tomarían los datos. Era el 3 de abril de 2002, en San Miguel de Tucumán, y la historia recién comenzaba.
Tres días después, en La Ramada, a 30 km de donde la habían desaparecido, algunas personas aseguraron haberla visto e, inmediatamente, hicieron la denuncia a la policía. Dijeron que llevaba zapatos de taco en lugar de las zapatillas que tenía al ser secuestrada y que deambulaba por zonas rurales. Fue así que el jefe de la comisaría decidió enviar un patrullero a buscarla. Sin embargo, cuando dieron con ella, en lugar de tomar precauciones y ponerla a salvo, decidieron subirla a un colectivo de media distancia que iba destino a San Miguel. Marita nunca llegó.
Luego de años de lucha, Susana Trimarco, su madre, llegó a infiltrarse en una red de prostitución donde logró liberar a muchas mujeres que habían sido secuestradas y brindaron datos sobre su hija. Si bien Susana fue siguiendo las pistas de su investigación, poco a poco, los pasos se fueron haciendo difusos. Había quienes aseguraban que Marita había sido llevada a España, que había sido asesinada o que estaba embarazada. Gracias a su lucha inquebrantable, y pese a las trabas de la Justicia y de las fuerzas de seguridad, Susana destapó una red de trata y de encubrimiento oficial que aún hoy continúa en funcionamiento. Durante el juicio, quedó en evidencia que el poder no estaba interesado en frenar este negocio. En aquel momento, mientras Susana narraba los hechos, el juez Piedrabuena la interrumpía preguntando si le faltaba mucho: Sí, contestó, "y póngase cómodo".
Allí declaró haber ido rápidamente "como una estúpida" a la Casa de Gobierno: "Digo estúpida porque la mafia estaba ahí". Luego, se dedicaría a detallar cómo funcionaba la red y ofrecería datos de los prostíbulos y gente que conoció. Sin embargo, el juicio terminó con la inexplicable absolución de los acusados. Ante el masivo repudio social y la consecuente renuncia del ministro de Seguridad de Tucumán, el caso se mantuvo vivo y, finalmente, recibieron p***s de entre 15 y 22 años. Hoy, las redes de trata siguen funcionando con el amparo de la Justicia y del poder. De eso no se habla. A las mujeres se las secuestra y se las desaparece mientras solo la lucha popular las hace visibles. De Marita no se volvió a saber hasta el día de hoy.