Yo bailé en los 80 y 90

Yo bailé en los 80 y 90 La fiesta retro mas importante del nordeste
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Los carnavales de nuestra infancia y de nuestra adolescencia no necesitaban escenario ni organización. Bastaba una calle...
27/01/2026

Los carnavales de nuestra infancia y de nuestra adolescencia no necesitaban escenario ni organización. Bastaba una calle, el sol de la siesta y las ganas de reír. Eran días en los que el barrio entero se transformaba en un campo de juego: vecinos, amigos, primos, chicos y grandes, todos iguales bajo el agua y la risa. No había pantallas, ni apuros, ni horarios. Solo baldes, palanganas, globos improvisados y alguna manguera cómplice desde la vereda.
Se jugaba sin medir, sin cuidar la ropa, sin pensar en nada más que correr, esquivar, mojar y volver a empezar. Las carcajadas se escuchaban desde lejos y el piso mojado quedaba como testigo de una felicidad simple, genuina. A veces aparecía alguien con un balde desde atrás, otras un ataque sorpresa desde una puerta abierta. Nadie se enojaba: el carnaval era eso, una excusa para encontrarnos.
Los adultos miraban, se sumaban, o fingían protestar mientras ya tenían el balde listo. Las casas abiertas, los autos estacionados con el baúl lleno de agua, las veredas llenas de vida. El barrio unido por una tradición que no necesitaba explicarse.
Hoy, cuando recordamos esos carnavales, no extrañamos solo el juego. Extrañamos esa forma de vivir, de compartir, de sentirnos parte. Eran tiempos lindos, tiempos simples, tiempos donde la felicidad venía en forma de agua fresca y risas desbordadas en una calle cualquiera del barrio.

En la escuela avisaban: “mañana hay festejo, traigan algo para compartir”.Y uno volvía a casa con esa noticia, sin enten...
20/01/2026

En la escuela avisaban: “mañana hay festejo, traigan algo para compartir”.
Y uno volvía a casa con esa noticia, sin entender del todo lo que significaba.
No había mesas dulces ni gaseosas de marca.
En nuestra época, muchas veces la situación era difícil… pero eso recién lo entendimos de grandes.
A la mañana siguiente, mamá o papá nos preparaban lo que había:
galletitas saladas con picadillo, armadas con amor,
y un jugo en una botellita reciclada.
Nada más. Nada menos.
Y ahí íbamos… felices.
Con la mochila cargada de orgullo.
Convencidos de que llevábamos algo especial para compartir con nuestros compañeros.
Nunca sentimos vergüenza.
Nunca sentimos que faltaba algo.
Porque en esas galletitas había esfuerzo, había sacrificio,
había padres que se privaban de cosas para que nosotros no nos sintiéramos menos.
Hoy, con los años encima, entendemos todo.
Entendemos que nuestros padres nos daban todo lo que tenían a su alcance.
No sobraba dinero, pero sobraba amor.
No había lujos, pero había dignidad.
Y eso nos alcanzaba para ser profundamente felices.
Muchos pasamos por esa infancia.
Y si cerrás los ojos un segundo, seguro podés sentir el sabor,
ver el recreo, escuchar las risas…
y agradecer, en silencio, a esos padres que hicieron magia con tan poco.
Porque al final,
no recordamos lo que faltó…
recordamos cuánto nos quisieron. 🥹✨

Había una época en la que todo era más simple… y sin darnos cuenta, también más profundo. El sonido de inicio de Messeng...
13/01/2026

Había una época en la que todo era más simple… y sin darnos cuenta, también más profundo. El sonido de inicio de Messenger era una pequeña felicidad diaria. Ir al ciber, contar las monedas, elegir la máquina del fondo, abrir sesión y ver quién estaba en línea. Ahí empezaba la magia. Las charlas eternas, los zumbidos que aceleraban el corazón, los estados con indirectas, las letras de canciones que decían lo que no nos animábamos a escribir.
Pasábamos horas chateando con gente que muchas veces conocíamos de la escuela, del barrio… y otras que estaban a kilómetros, en otra ciudad, en otro mundo. No había filtros, no había historias para aparentar, no había ansiedad por responder rápido. Había tiempo. Había expectativa. Había emoción real. Cada mensaje se esperaba, cada respuesta valía. Nos reíamos, nos enamorábamos, nos peleábamos y volvíamos a hablar como si nada. Era inocente, era sano, era nuestro refugio.
Messenger fue más que un programa: fue parte de nuestra adolescencia, de nuestra juventud, de esos años donde todo parecía posible. Donde el amor podía empezar con un “hola” y terminar cuando se cerraba la sesión porque se acababa el tiempo del ciber. Hoy todo es inmediato, pero nada se siente igual. Y aunque el Messenger ya no esté, el recuerdo sigue ahí… intacto, vivo, esperando que alguien vuelva a sentir esa nostalgia que aprieta el pecho y dibuja una sonrisa. 💙

Había un ritual que hoy ya no existe, pero que marcó a toda una generación. Llegaba el viernes o el sábado, y con él esa...
12/01/2026

Había un ritual que hoy ya no existe, pero que marcó a toda una generación. Llegaba el viernes o el sábado, y con él esa ansiedad linda, difícil de explicar. No era solo ver una película… era ir a buscarla.
Entrar al video club era entrar a otro mundo. El olor a plástico de las cajas, las estanterías llenas de carátulas gastadas, algunas dobladas por el uso, otras con etiquetas escritas a mano. Caminabas lento, mirando una por una, leyendo la sinopsis como si fuera un tesoro. A veces tardabas más eligiendo que viendo la película después.
Estaba la sección de estrenos, intocable, casi sagrada. Y más atrás, las de terror, las de acción, las románticas, las que ya habían pasado por mil manos pero seguían ahí, esperando una noche más. Siempre había una que no estaba… “ya está alquilada”. Y te ibas con la segunda opción, que muchas veces terminaba siendo inolvidable.
Volver a casa con la bolsa en la mano era parte de la magia. Saber que esa película era tuya por todo el fin de semana. Preparar algo para comer, apagar las luces, acomodarse en el sillón o en el piso, rebobinar el VHS antes de poner play. Si se veía mal, se ajustaba. Si se cortaba, se esperaba. Nadie se quejaba.
Era tiempo compartido. Familia, amigos, risas, miedo, silencios. A veces la película era mala, pero el momento era perfecto. Y cuando terminaba, quedaba esa sensación rara de querer verla de nuevo… o de hablar de ella durante días.
Hoy todo está a un clic. Pero nada reemplaza esa espera, esa caminata, esa elección, ese fin de semana que empezaba en un video club.
Porque no solo alquilábamos películas…
alquilábamos recuerdos que todavía siguen vivos.

26/12/2025
Feliz Navidad y próspero año nuevo para todos🎄
24/12/2025

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Ya Casi Nadie lo Recuerda a Este Personaje 📺
12/11/2025

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Yooo🤗
24/10/2025

Yooo🤗

17/10/2025

Sabías qué...?

La canción "Thriller" y la voz del actor Vincent Price se han hecho inseparables.

Con solo escuchar las primeras frases en off de Price, ya sabemos que se trata del tema de Michael Jackson.

Según el productor de la canción, Quincy Jones, Vincent Price grabó su parte en dos tomas.

En el cortometraje de John Landis, lo podemos identificar fácilmente en la escena en donde las tumbas se abren y salen de ellas los zombies.

Obviamente, también al final con esa risa diabólica.

Aquí le dejamos el "speech" de Vincent Price traducido al español:

La oscuridad cae sobre la tierra
La medianoche está cerca
Las criaturas se arrastran en busca de sangre
Para aterrorizar al vecindario de todos ustedes
Y quienquiera que sea encontrado
Sin el alma por bajar
Debe pararse y enfrentar a los sabuesos del in****no
Y pudrirse dentro del caparazón de un cadáver.
El hedor más repugnante está en el aire
El funk de cuarenta mil años
Y espeluznantes necrófagos de cada tumba se
acercan para sellar tu perdición
Y aunque luchas por mantenerte con vida
Tu cuerpo empieza a temblar
Porque ningún simple mortal puede resistir
La maldad del thriller.

Próximamente… espérala! 🏴🎃
01/10/2025

Próximamente… espérala! 🏴🎃

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